
Ay de mí, si tu pudieras ver y verme sin distorsión y sin prejuicio alguno que desborde tus ideas y se fije en mi eje principal, tú.
Ay de mí, si pudieras respirar y respirarme entre el viento y sepas diferenciarme de esa frialdad.
Ay de mí, si pudieras tocar mis manos y jugar con las yemas de tus dedos a que resbalan por mis mejillas.
Ay de mí, si tus ojos pudiesen mirarme y mirarme y sólo mirarme. Ay de mí y de mis ojos si pudieran conocerte; ay de mí.