Dicen que lo que empieza rápido termina al mismo tiempo. Dicen que los pasos de prisa se dan sin ver las vallas del camino. También dicen que el inicio de algo nuevo es la destrucción de lo pasado más preciado tal vez. Tu camino, el mío, aun van zigzag…
Dicen que me gustas, dice que te gusto a pesar del tiempo que no percibimos. Cómo fiarme de tus ojos, cómo explicarte que mi silencio dice mucho y no dice nada. Tu silencio no incomoda y el mío aun no lo entiendes.
Dicen que uno, dos o tres meses es poco tiempo para olvidar y cambiar de vida. Un año es mucho tiempo para que se lo lleve el viento y mis escritos. Cómo lo puedes hacer tú, cómo puedes cambiar en un día de rostro, de labios, de piel por otra misma serie…
Dicen mucho las miradas, pero cuentan más las actitudes. Cómo puedes seguir con la historia y mantener este desenlace. Cómo puedes rodar esta película sólo en tu mente y en la mía, sin espectadores, sin testigos, sin admiraciones o críticas. Yo no quiero esconderme tras el camarín de la mentira, yo no quiero ser alguien que no lo soy y serlo por minutos o a escondidas para ti, yo no quiero ocultarme como lo hago del sol.
También dicen que las mentiras tienen poco tiempo de vida, que si se cae, se cae el trama de una historia, y que si se termina algo, algo se muere, y si algo se muere es porque algo había nacido, y si algo había nacido, es porque alguien lo creó…
… Quién creó entonces las horas de madrugada con tu voz, quién inventó el tiempo al compás de tu respiración perdida en la oscuridad, quién puede cambiar las noches en las mejores noches…
… Quién creó las noches donde se puede caminar de tu mano, quien creó tu historia, la mía y las juntó, quién permite los abrazos nerviosos no permitidos, quién pudo sentir el rubor en el rostro cuando las palabras bonitas flotan al costado y el silencio que no comprendes invade…
… Quién dijo que las horas pasen sin permiso cuando estoy contigo, quién dijo que no existe motivo para caminar abrazados, quién dijo que sin los hay…
… Quién dijo que se puede querer sin conocer, quién dijo que no…
Dicen que fuiste tú, dicen que fui yo. Dicen que ya no puedo más…
viernes, 24 de abril de 2009
jueves, 9 de abril de 2009
PREFIERO EL INVIERNO
Prefiero los tonos inviernos y las actitudes con frío. Quiero un camino húmedo y caminar abstraída con la mirada en la neblina.
Salir sin tener que fruncir el seño mientras inhalo el cálido oxígeno que quedó del día. Prefiero salir abrazándome con el viento acariciándome, salir cuando salgas y crear la casualidad del encuentro…
Quiero caminar contigo o conmigo y mi orgía, pero caminar mientras llegue el frío a mis huesos. Si usted piensa que soy cruel al ver los tristes rostros en invierno transitar. No tergiverse mi sonrisa, ellos no reconocen la poesía que emiten los días fríos.
Prefiero el invierno que te toca como a mí. Los días pueden confundirse con la noche y la neblina se ríe de las extrañas miradas y de los guiños que le envío yo. Y es que el invierno abraza a la noche y al día, y la estación se convierte en amor.
Quiero caminar contigo y contar mis pasos si no estás. Es preferible que te agrade el invierno y quedarme contigo, a salir sin ti, con el frío encima con un camino húmedo como el de hoy.
Salir sin tener que fruncir el seño mientras inhalo el cálido oxígeno que quedó del día. Prefiero salir abrazándome con el viento acariciándome, salir cuando salgas y crear la casualidad del encuentro…
Quiero caminar contigo o conmigo y mi orgía, pero caminar mientras llegue el frío a mis huesos. Si usted piensa que soy cruel al ver los tristes rostros en invierno transitar. No tergiverse mi sonrisa, ellos no reconocen la poesía que emiten los días fríos.
Prefiero el invierno que te toca como a mí. Los días pueden confundirse con la noche y la neblina se ríe de las extrañas miradas y de los guiños que le envío yo. Y es que el invierno abraza a la noche y al día, y la estación se convierte en amor.
Quiero caminar contigo y contar mis pasos si no estás. Es preferible que te agrade el invierno y quedarme contigo, a salir sin ti, con el frío encima con un camino húmedo como el de hoy.
viernes, 6 de febrero de 2009
FERNANDO HIDALGO IBARRA.
Yo redactaba una nota triste. Yo escribía pensando en la crueldad de la vida y la injusticia que les toca vivir a algunos tratando de hacer el seudo bien, con uniformes y posturas estrictas. Yo anotaba los datos de las personas fallecidas en ese operativo, en ese estúpido operativo. Yo buscaba referencias de los dos caídos en el duro enfrentamiento, donde tenían todas las de perder. Yo seguí la noticia casi cuatro días sin saber los nombres de los protagonistas de esta historia de horror.
Yo leía todas las notas buscando algo que quizá presentía. Yo indagaba los nombres de los fallecidos por inercia. Yo buscaba algo que no quería encontrar. Yo hallé el nombre de los dos policías muertos… Y encontré tu nombre, Fernando…
No quise escribir más porque le dolor entumecieron mis dedos. Porque los recuerdos se me vinieron por montones. No quise escribir más porque sabía que eras tú desde un principio. No pude escribir porque mis manos fueron directo a mi rostros a tratar de contener el llanto y la desesperación de no poder hacer nada. No puede ni quise escribir, porque tu rostro se plasmó en mi mente, y la mirada la tenía fija en ti.
Te busqué en los reportajes de televisión, como última alternativa a mi esperanza. Para así creer lo que estaba sucediendo viéndote por última vez… Ahí estabas, con tu uniforme, como nunca te había visto, como nunca te hubiese imaginado.
Ahora escribo, ahora te escribo. No era tu hora pienso yo, un balazo no podía arruinarte los sueños. Pienso igual que tu familia, ¡lo sé!
Hubiese preferido que seas un personaje ignoto de mis redacciones, uno más; pero te encontré y ahora no te veré más.
Hasta pronto Fernando, descansa en paz…
Yo leía todas las notas buscando algo que quizá presentía. Yo indagaba los nombres de los fallecidos por inercia. Yo buscaba algo que no quería encontrar. Yo hallé el nombre de los dos policías muertos… Y encontré tu nombre, Fernando…
No quise escribir más porque le dolor entumecieron mis dedos. Porque los recuerdos se me vinieron por montones. No quise escribir más porque sabía que eras tú desde un principio. No pude escribir porque mis manos fueron directo a mi rostros a tratar de contener el llanto y la desesperación de no poder hacer nada. No puede ni quise escribir, porque tu rostro se plasmó en mi mente, y la mirada la tenía fija en ti.
Te busqué en los reportajes de televisión, como última alternativa a mi esperanza. Para así creer lo que estaba sucediendo viéndote por última vez… Ahí estabas, con tu uniforme, como nunca te había visto, como nunca te hubiese imaginado.
Ahora escribo, ahora te escribo. No era tu hora pienso yo, un balazo no podía arruinarte los sueños. Pienso igual que tu familia, ¡lo sé!
Hubiese preferido que seas un personaje ignoto de mis redacciones, uno más; pero te encontré y ahora no te veré más.
Hasta pronto Fernando, descansa en paz…
domingo, 25 de enero de 2009
NO PUEDES VIVIR ASÍ
Si alguna vez vuelo a verte, verás que sigo con la sonrisa continua. Te diré que aun te quiero. Mis ojos no mienten, porque hay sangre tuya también y lo sabes. No puedes vivir con tanto veneno, no puedes estar dando pasos de coraje, de competencia, paso con ira e inseguridad. No se puede vivir por vivir. No se puede mentir sin sufrir, no puedes no quererme con los recuerdos encima.
Sigo esperándote. Estamos intactas dentro de un cuadro que escéptico aguara el día en que miremos nuestros ojos. No hay premura, no te asustes, pero si hay añoranzas. Sé que es inminente mi esperanza, lo duro es ser consciente que ese día tú no lo esperas como yo.
Tus ojos también han cambiado, y tu rostro lo recuerdo marcado de rubor caliente. Cambia de versión, no trates de dañar mi figura si lo hiciste más de una vez. Soy de las personas que lloran mucho, pero de las que ríen más. Ten cuidado con lo que insinúas, porque me conoces bien, y no puedes auto engañarte con sangre fría.
No minetas acerca de mis ojos, no desacredites mi sonrisa ni mis gestos que es lo que tengo para representarme a primera instancia. Si no deseas verme, recuérdame sin rencor, sin rubor de amargura, porque no se puede vivir así.
Sigo esperándote. Estamos intactas dentro de un cuadro que escéptico aguara el día en que miremos nuestros ojos. No hay premura, no te asustes, pero si hay añoranzas. Sé que es inminente mi esperanza, lo duro es ser consciente que ese día tú no lo esperas como yo.
Tus ojos también han cambiado, y tu rostro lo recuerdo marcado de rubor caliente. Cambia de versión, no trates de dañar mi figura si lo hiciste más de una vez. Soy de las personas que lloran mucho, pero de las que ríen más. Ten cuidado con lo que insinúas, porque me conoces bien, y no puedes auto engañarte con sangre fría.
No minetas acerca de mis ojos, no desacredites mi sonrisa ni mis gestos que es lo que tengo para representarme a primera instancia. Si no deseas verme, recuérdame sin rencor, sin rubor de amargura, porque no se puede vivir así.
domingo, 30 de noviembre de 2008
MIEDO
Tengo miedo del terror que ya no se oculta. Cada día mueren más inocentes y otros que no lo son, pero mueren. Los días pasan con temor y yo no quiero que transcurran. Te quiero a mi lado siempre. Siento ser muy egoísta, no cuides a nadie, cuídate tú. No seas valiente porque la cobarde soy yo, y estoy asustada.
¿Qué es lo que hacen los grandes integrantes de nuestro país por ti, por los otros?, ¿cómo te cuidan para que sigas cuidándonos?
La injusticia avanza y tú te haces más valiente mientras yo voy mordiéndome los labios y quemando el cerebro.
Tengo miedo de tu lugar incierto porque no respiraremos el mismo aire. Tu lugar es allá, será ese, no lo sé, no lo sabes. Ahí vas, ahí van ellos sin problemas, sin temores porque otros como tu dan al cara y el cuerpo.
¿Qué es lo que hacen los grandes integrantes de nuestro país por ti, por los otros?, ¿cómo te cuidan para que sigas cuidándonos?
La injusticia avanza y tú te haces más valiente mientras yo voy mordiéndome los labios y quemando el cerebro.
Tengo miedo de tu lugar incierto porque no respiraremos el mismo aire. Tu lugar es allá, será ese, no lo sé, no lo sabes. Ahí vas, ahí van ellos sin problemas, sin temores porque otros como tu dan al cara y el cuerpo.
jueves, 27 de noviembre de 2008
ME FALTAN LETRAS
No lo voy a negar, extraño tus cantos y la magia que te sintetiza. No lo puedo negar, me distrae tu presencia que trato de evadir. Camino, ahí estás. Te veo, no te puedo mirar, me vuelvo, tus ojos se escaparon por casualidad, me vuelvo una vez más.
Hay letras y recuerdos en un rincón, peleas casi fingidas y un libro que está apunto de cerrarse y temo que en definitiva. Paseo sin ti, algo me falta, mucho se perdió. Encontré reliquias que son testigos de la relación que no existe. Un escrito que no lleva dedicatoria ni tu rúbrica, pero que carga tu letra, lo mejor que me queda, también duerme una figura comercial junto a las letras que me hacen falta .
No puedo escribir más, mis letras corrieron tras tus pasos y ahora escribes más que ayer. Ya dejé de mirarte, ahora solo te observo, no te sigo por temor a tu mirada y a tu prosa hiriente.
Que absurdas las mañanas sin poder bailar contigo, que sofocantes han sido durante el invierno que no podía derrumbarme entre sus brazos. El silencio ya es mi cruel compañero. Y mientras el viento soplaba a favor desconocido, yo terminaba por descubrirte un poco más. A lo lejos…
Y si me faltan letras, ya no te preocupes, no es culpa tuya, no es culpa mía,
Y si me faltan letras, no me mires más, no lo haré yo,
Y si me faltan letras, sólo veré la tinta…
Hay letras y recuerdos en un rincón, peleas casi fingidas y un libro que está apunto de cerrarse y temo que en definitiva. Paseo sin ti, algo me falta, mucho se perdió. Encontré reliquias que son testigos de la relación que no existe. Un escrito que no lleva dedicatoria ni tu rúbrica, pero que carga tu letra, lo mejor que me queda, también duerme una figura comercial junto a las letras que me hacen falta .
No puedo escribir más, mis letras corrieron tras tus pasos y ahora escribes más que ayer. Ya dejé de mirarte, ahora solo te observo, no te sigo por temor a tu mirada y a tu prosa hiriente.
Que absurdas las mañanas sin poder bailar contigo, que sofocantes han sido durante el invierno que no podía derrumbarme entre sus brazos. El silencio ya es mi cruel compañero. Y mientras el viento soplaba a favor desconocido, yo terminaba por descubrirte un poco más. A lo lejos…
Y si me faltan letras, ya no te preocupes, no es culpa tuya, no es culpa mía,
Y si me faltan letras, no me mires más, no lo haré yo,
Y si me faltan letras, sólo veré la tinta…
jueves, 6 de noviembre de 2008
A RENZO Y JONATHAN
Me entretenía mirándolo cuando el semáforo marcaba rojo. Era interesante ver cómo es que mojaba la luna donde baila el parabrisas. Era llamativo el procedimiento meticuloso con el que actuaba: agua con shampú, juran ellos que es. Su botella plástica con agujero en la tapa rosca para que vaya directo al vidrio. En la mano derecha un secador de jebe para culminar con la limpieza al paso. Era inevitable pasar por alto la manera ordenada con que secaba perfectamente la delantera luna. Limpiaba muy bien, aunque él no permanecía igual.
¡Verde!, y Renzo se aparta sobre la vereda a contar los céntimos que tienen en su mano derecha. Su mirada es casi nula, camina despacio, no se apresura a pesar de que los carros pasan muy cerca a él, y no se espanta. Solo espera el cambio de luz para poner en marcha su labor pésimamente remunerada.
Rojo, todos se detienen, menos Renzo, que con premura y casi suplicando, se acerca a limpiarte el carro. Las lunas se bajan, las bajan, ¿pero que pasa? Un movimiento de cabeza, de izquierda a derecha se proyecta al verlo. Se han puesto de acuerdo. Un paso más, una luna más que se cierra. Es verde nuevamente y la vereda sostiene dos cuerpos, hay cuatro piernas y dos manos contando el sencillo duramente hallado. Es Jonathan, de 18 años, que también posee los mismos implementos entre sus manos. Se acerca a descansar mientras los minutos verdes los permitan.
Sus miradas escapan, tienen tiempo de soñar estando de pie, una sonrisa ante la cámara que llevo, sin temor pese a sus fachas y lenguaje. Los retrataba a cada movimiento, les agradaba, reían, yo reía, quería ser una amiga de verdad, no solo de un día.
Avenida La Marina y Universitaria. Las mañanas son de ellos, las tardes también lo son cuando resisten los insultos de personajes estirados ceñidos a un timón y ocultos tras los vidrios polarizados que les gritan “muertos de hambre”, sin saber que en realidad mueren de hambre por la escasez de dinero. Pero no de dignidad.
Renzo de 17, me habla diciéndo “señorita” a cada instante y con mucho respeto. ¿Me vas a hacer una entrevista?- dice tímidamente- Y mientras habla, su rostro queda en mi cámara que no le incomoda, que ni siquiera la siente. Esquivan los autos exponiendo sus cuerpos delgados y hábiles como jugando. Los gritos y el sonido de los cláxones no parecen meterse con ellos. Un céntimo más, un insulto más, un cambio de luz más. Están curtidos y saben defenderse. Les duele, pero ya pisaron fondo a su corta edad. “Señorita si sabes de alguna chambita mejor que esta, pásame la voz” – me pidió Renzo, mientras guardaba mi cámara. Lo miré sonriendo, y él repitió el gesto. Me entendió con al mirada, así que no habrá motivo de detallarlo.
¡Rojo! antes de irme, y este fue un rojo eterno.
¡Verde!, y Renzo se aparta sobre la vereda a contar los céntimos que tienen en su mano derecha. Su mirada es casi nula, camina despacio, no se apresura a pesar de que los carros pasan muy cerca a él, y no se espanta. Solo espera el cambio de luz para poner en marcha su labor pésimamente remunerada.
Rojo, todos se detienen, menos Renzo, que con premura y casi suplicando, se acerca a limpiarte el carro. Las lunas se bajan, las bajan, ¿pero que pasa? Un movimiento de cabeza, de izquierda a derecha se proyecta al verlo. Se han puesto de acuerdo. Un paso más, una luna más que se cierra. Es verde nuevamente y la vereda sostiene dos cuerpos, hay cuatro piernas y dos manos contando el sencillo duramente hallado. Es Jonathan, de 18 años, que también posee los mismos implementos entre sus manos. Se acerca a descansar mientras los minutos verdes los permitan.
Sus miradas escapan, tienen tiempo de soñar estando de pie, una sonrisa ante la cámara que llevo, sin temor pese a sus fachas y lenguaje. Los retrataba a cada movimiento, les agradaba, reían, yo reía, quería ser una amiga de verdad, no solo de un día.
Avenida La Marina y Universitaria. Las mañanas son de ellos, las tardes también lo son cuando resisten los insultos de personajes estirados ceñidos a un timón y ocultos tras los vidrios polarizados que les gritan “muertos de hambre”, sin saber que en realidad mueren de hambre por la escasez de dinero. Pero no de dignidad.
Renzo de 17, me habla diciéndo “señorita” a cada instante y con mucho respeto. ¿Me vas a hacer una entrevista?- dice tímidamente- Y mientras habla, su rostro queda en mi cámara que no le incomoda, que ni siquiera la siente. Esquivan los autos exponiendo sus cuerpos delgados y hábiles como jugando. Los gritos y el sonido de los cláxones no parecen meterse con ellos. Un céntimo más, un insulto más, un cambio de luz más. Están curtidos y saben defenderse. Les duele, pero ya pisaron fondo a su corta edad. “Señorita si sabes de alguna chambita mejor que esta, pásame la voz” – me pidió Renzo, mientras guardaba mi cámara. Lo miré sonriendo, y él repitió el gesto. Me entendió con al mirada, así que no habrá motivo de detallarlo.
¡Rojo! antes de irme, y este fue un rojo eterno.
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