Yo redactaba una nota triste. Yo escribía pensando en la crueldad de la vida y la injusticia que les toca vivir a algunos tratando de hacer el seudo bien, con uniformes y posturas estrictas. Yo anotaba los datos de las personas fallecidas en ese operativo, en ese estúpido operativo. Yo buscaba referencias de los dos caídos en el duro enfrentamiento, donde tenían todas las de perder. Yo seguí la noticia casi cuatro días sin saber los nombres de los protagonistas de esta historia de horror.
Yo leía todas las notas buscando algo que quizá presentía. Yo indagaba los nombres de los fallecidos por inercia. Yo buscaba algo que no quería encontrar. Yo hallé el nombre de los dos policías muertos… Y encontré tu nombre, Fernando…
No quise escribir más porque le dolor entumecieron mis dedos. Porque los recuerdos se me vinieron por montones. No quise escribir más porque sabía que eras tú desde un principio. No pude escribir porque mis manos fueron directo a mi rostros a tratar de contener el llanto y la desesperación de no poder hacer nada. No puede ni quise escribir, porque tu rostro se plasmó en mi mente, y la mirada la tenía fija en ti.
Te busqué en los reportajes de televisión, como última alternativa a mi esperanza. Para así creer lo que estaba sucediendo viéndote por última vez… Ahí estabas, con tu uniforme, como nunca te había visto, como nunca te hubiese imaginado.
Ahora escribo, ahora te escribo. No era tu hora pienso yo, un balazo no podía arruinarte los sueños. Pienso igual que tu familia, ¡lo sé!
Hubiese preferido que seas un personaje ignoto de mis redacciones, uno más; pero te encontré y ahora no te veré más.
Hasta pronto Fernando, descansa en paz…
viernes, 6 de febrero de 2009
domingo, 25 de enero de 2009
NO PUEDES VIVIR ASÍ
Si alguna vez vuelo a verte, verás que sigo con la sonrisa continua. Te diré que aun te quiero. Mis ojos no mienten, porque hay sangre tuya también y lo sabes. No puedes vivir con tanto veneno, no puedes estar dando pasos de coraje, de competencia, paso con ira e inseguridad. No se puede vivir por vivir. No se puede mentir sin sufrir, no puedes no quererme con los recuerdos encima.
Sigo esperándote. Estamos intactas dentro de un cuadro que escéptico aguara el día en que miremos nuestros ojos. No hay premura, no te asustes, pero si hay añoranzas. Sé que es inminente mi esperanza, lo duro es ser consciente que ese día tú no lo esperas como yo.
Tus ojos también han cambiado, y tu rostro lo recuerdo marcado de rubor caliente. Cambia de versión, no trates de dañar mi figura si lo hiciste más de una vez. Soy de las personas que lloran mucho, pero de las que ríen más. Ten cuidado con lo que insinúas, porque me conoces bien, y no puedes auto engañarte con sangre fría.
No minetas acerca de mis ojos, no desacredites mi sonrisa ni mis gestos que es lo que tengo para representarme a primera instancia. Si no deseas verme, recuérdame sin rencor, sin rubor de amargura, porque no se puede vivir así.
Sigo esperándote. Estamos intactas dentro de un cuadro que escéptico aguara el día en que miremos nuestros ojos. No hay premura, no te asustes, pero si hay añoranzas. Sé que es inminente mi esperanza, lo duro es ser consciente que ese día tú no lo esperas como yo.
Tus ojos también han cambiado, y tu rostro lo recuerdo marcado de rubor caliente. Cambia de versión, no trates de dañar mi figura si lo hiciste más de una vez. Soy de las personas que lloran mucho, pero de las que ríen más. Ten cuidado con lo que insinúas, porque me conoces bien, y no puedes auto engañarte con sangre fría.
No minetas acerca de mis ojos, no desacredites mi sonrisa ni mis gestos que es lo que tengo para representarme a primera instancia. Si no deseas verme, recuérdame sin rencor, sin rubor de amargura, porque no se puede vivir así.
domingo, 30 de noviembre de 2008
MIEDO
Tengo miedo del terror que ya no se oculta. Cada día mueren más inocentes y otros que no lo son, pero mueren. Los días pasan con temor y yo no quiero que transcurran. Te quiero a mi lado siempre. Siento ser muy egoísta, no cuides a nadie, cuídate tú. No seas valiente porque la cobarde soy yo, y estoy asustada.
¿Qué es lo que hacen los grandes integrantes de nuestro país por ti, por los otros?, ¿cómo te cuidan para que sigas cuidándonos?
La injusticia avanza y tú te haces más valiente mientras yo voy mordiéndome los labios y quemando el cerebro.
Tengo miedo de tu lugar incierto porque no respiraremos el mismo aire. Tu lugar es allá, será ese, no lo sé, no lo sabes. Ahí vas, ahí van ellos sin problemas, sin temores porque otros como tu dan al cara y el cuerpo.
¿Qué es lo que hacen los grandes integrantes de nuestro país por ti, por los otros?, ¿cómo te cuidan para que sigas cuidándonos?
La injusticia avanza y tú te haces más valiente mientras yo voy mordiéndome los labios y quemando el cerebro.
Tengo miedo de tu lugar incierto porque no respiraremos el mismo aire. Tu lugar es allá, será ese, no lo sé, no lo sabes. Ahí vas, ahí van ellos sin problemas, sin temores porque otros como tu dan al cara y el cuerpo.
jueves, 27 de noviembre de 2008
ME FALTAN LETRAS
No lo voy a negar, extraño tus cantos y la magia que te sintetiza. No lo puedo negar, me distrae tu presencia que trato de evadir. Camino, ahí estás. Te veo, no te puedo mirar, me vuelvo, tus ojos se escaparon por casualidad, me vuelvo una vez más.
Hay letras y recuerdos en un rincón, peleas casi fingidas y un libro que está apunto de cerrarse y temo que en definitiva. Paseo sin ti, algo me falta, mucho se perdió. Encontré reliquias que son testigos de la relación que no existe. Un escrito que no lleva dedicatoria ni tu rúbrica, pero que carga tu letra, lo mejor que me queda, también duerme una figura comercial junto a las letras que me hacen falta .
No puedo escribir más, mis letras corrieron tras tus pasos y ahora escribes más que ayer. Ya dejé de mirarte, ahora solo te observo, no te sigo por temor a tu mirada y a tu prosa hiriente.
Que absurdas las mañanas sin poder bailar contigo, que sofocantes han sido durante el invierno que no podía derrumbarme entre sus brazos. El silencio ya es mi cruel compañero. Y mientras el viento soplaba a favor desconocido, yo terminaba por descubrirte un poco más. A lo lejos…
Y si me faltan letras, ya no te preocupes, no es culpa tuya, no es culpa mía,
Y si me faltan letras, no me mires más, no lo haré yo,
Y si me faltan letras, sólo veré la tinta…
Hay letras y recuerdos en un rincón, peleas casi fingidas y un libro que está apunto de cerrarse y temo que en definitiva. Paseo sin ti, algo me falta, mucho se perdió. Encontré reliquias que son testigos de la relación que no existe. Un escrito que no lleva dedicatoria ni tu rúbrica, pero que carga tu letra, lo mejor que me queda, también duerme una figura comercial junto a las letras que me hacen falta .
No puedo escribir más, mis letras corrieron tras tus pasos y ahora escribes más que ayer. Ya dejé de mirarte, ahora solo te observo, no te sigo por temor a tu mirada y a tu prosa hiriente.
Que absurdas las mañanas sin poder bailar contigo, que sofocantes han sido durante el invierno que no podía derrumbarme entre sus brazos. El silencio ya es mi cruel compañero. Y mientras el viento soplaba a favor desconocido, yo terminaba por descubrirte un poco más. A lo lejos…
Y si me faltan letras, ya no te preocupes, no es culpa tuya, no es culpa mía,
Y si me faltan letras, no me mires más, no lo haré yo,
Y si me faltan letras, sólo veré la tinta…
jueves, 6 de noviembre de 2008
A RENZO Y JONATHAN
Me entretenía mirándolo cuando el semáforo marcaba rojo. Era interesante ver cómo es que mojaba la luna donde baila el parabrisas. Era llamativo el procedimiento meticuloso con el que actuaba: agua con shampú, juran ellos que es. Su botella plástica con agujero en la tapa rosca para que vaya directo al vidrio. En la mano derecha un secador de jebe para culminar con la limpieza al paso. Era inevitable pasar por alto la manera ordenada con que secaba perfectamente la delantera luna. Limpiaba muy bien, aunque él no permanecía igual.
¡Verde!, y Renzo se aparta sobre la vereda a contar los céntimos que tienen en su mano derecha. Su mirada es casi nula, camina despacio, no se apresura a pesar de que los carros pasan muy cerca a él, y no se espanta. Solo espera el cambio de luz para poner en marcha su labor pésimamente remunerada.
Rojo, todos se detienen, menos Renzo, que con premura y casi suplicando, se acerca a limpiarte el carro. Las lunas se bajan, las bajan, ¿pero que pasa? Un movimiento de cabeza, de izquierda a derecha se proyecta al verlo. Se han puesto de acuerdo. Un paso más, una luna más que se cierra. Es verde nuevamente y la vereda sostiene dos cuerpos, hay cuatro piernas y dos manos contando el sencillo duramente hallado. Es Jonathan, de 18 años, que también posee los mismos implementos entre sus manos. Se acerca a descansar mientras los minutos verdes los permitan.
Sus miradas escapan, tienen tiempo de soñar estando de pie, una sonrisa ante la cámara que llevo, sin temor pese a sus fachas y lenguaje. Los retrataba a cada movimiento, les agradaba, reían, yo reía, quería ser una amiga de verdad, no solo de un día.
Avenida La Marina y Universitaria. Las mañanas son de ellos, las tardes también lo son cuando resisten los insultos de personajes estirados ceñidos a un timón y ocultos tras los vidrios polarizados que les gritan “muertos de hambre”, sin saber que en realidad mueren de hambre por la escasez de dinero. Pero no de dignidad.
Renzo de 17, me habla diciéndo “señorita” a cada instante y con mucho respeto. ¿Me vas a hacer una entrevista?- dice tímidamente- Y mientras habla, su rostro queda en mi cámara que no le incomoda, que ni siquiera la siente. Esquivan los autos exponiendo sus cuerpos delgados y hábiles como jugando. Los gritos y el sonido de los cláxones no parecen meterse con ellos. Un céntimo más, un insulto más, un cambio de luz más. Están curtidos y saben defenderse. Les duele, pero ya pisaron fondo a su corta edad. “Señorita si sabes de alguna chambita mejor que esta, pásame la voz” – me pidió Renzo, mientras guardaba mi cámara. Lo miré sonriendo, y él repitió el gesto. Me entendió con al mirada, así que no habrá motivo de detallarlo.
¡Rojo! antes de irme, y este fue un rojo eterno.
¡Verde!, y Renzo se aparta sobre la vereda a contar los céntimos que tienen en su mano derecha. Su mirada es casi nula, camina despacio, no se apresura a pesar de que los carros pasan muy cerca a él, y no se espanta. Solo espera el cambio de luz para poner en marcha su labor pésimamente remunerada.
Rojo, todos se detienen, menos Renzo, que con premura y casi suplicando, se acerca a limpiarte el carro. Las lunas se bajan, las bajan, ¿pero que pasa? Un movimiento de cabeza, de izquierda a derecha se proyecta al verlo. Se han puesto de acuerdo. Un paso más, una luna más que se cierra. Es verde nuevamente y la vereda sostiene dos cuerpos, hay cuatro piernas y dos manos contando el sencillo duramente hallado. Es Jonathan, de 18 años, que también posee los mismos implementos entre sus manos. Se acerca a descansar mientras los minutos verdes los permitan.
Sus miradas escapan, tienen tiempo de soñar estando de pie, una sonrisa ante la cámara que llevo, sin temor pese a sus fachas y lenguaje. Los retrataba a cada movimiento, les agradaba, reían, yo reía, quería ser una amiga de verdad, no solo de un día.
Avenida La Marina y Universitaria. Las mañanas son de ellos, las tardes también lo son cuando resisten los insultos de personajes estirados ceñidos a un timón y ocultos tras los vidrios polarizados que les gritan “muertos de hambre”, sin saber que en realidad mueren de hambre por la escasez de dinero. Pero no de dignidad.
Renzo de 17, me habla diciéndo “señorita” a cada instante y con mucho respeto. ¿Me vas a hacer una entrevista?- dice tímidamente- Y mientras habla, su rostro queda en mi cámara que no le incomoda, que ni siquiera la siente. Esquivan los autos exponiendo sus cuerpos delgados y hábiles como jugando. Los gritos y el sonido de los cláxones no parecen meterse con ellos. Un céntimo más, un insulto más, un cambio de luz más. Están curtidos y saben defenderse. Les duele, pero ya pisaron fondo a su corta edad. “Señorita si sabes de alguna chambita mejor que esta, pásame la voz” – me pidió Renzo, mientras guardaba mi cámara. Lo miré sonriendo, y él repitió el gesto. Me entendió con al mirada, así que no habrá motivo de detallarlo.
¡Rojo! antes de irme, y este fue un rojo eterno.
miércoles, 1 de octubre de 2008
MENTIRAS
No preguntes como me siento, que la rabia se apodera de mí. No preguntes en quién confío porque debo suponer que lo hago en mí. Abandona las teclas y deja que florezca estas letras que lo hago en nombre de tu mentira.
Deja la noche y cuelga tu ropa de casa que te espera la cita social. No trates de conocer la verdad hiriente que baila al ritmo de la noche que dejaste en blanco.
Ya aléjate de de lo oculto que sabe a mentira, camina sin volver porque estoy encontrándote sin querer. Mantenme al alcance de las verdades. No trates de buscar respaldo en tu ironía, que no te cueste obviarlas ni matarlas. Allana la situación comprometedora que adeuda una explicación. Utiliza tu sarcasmo que es tu mejor arma contra mi escudo impenetrablemente malgeniado.
Abandona la noche, que no merece ser dañada con la ficción de tu escrito moderno que improvisaste con un fin desconocido. Da un paso al costado que la noche se queda más sola que nunca, y déjala llorar por un ovni que nunca vio. Alerta al día siguiente, vigila que la noche se duerma tranquila, que le acompañe la luna con su delicada luz.
No le digas que sus constelaciones son hermosas cuando no las conoces a totalidad, no prometas tocarla porque no alcanzarás su infinito misterio hecha furia. Opta mejor que su silencio calme tus intrigas y si puede llorar, que lo haga, quizá veas la claridad después de su tormenta justa.
Abandónala ahora que quiere hacerse día, espérala a que se ponga sus estrellas coquetas sin perder la distancia de conversar a su luz precisa, que no la dañe, que no la moleste. Esperará la luz, su luz lunar convirtiéndose en gama de colores nuevamente para fertilizar su humor.
Así está mejor, el aire se puede sentir libre y sin versión, que se oculte el sol, pero no trates de esconder sus rayos que incomodan. Así está bien, deja que las sombras bailen al ritmo del silencio extraviado y deja partir las frases que nunca dije.
Deja la noche y cuelga tu ropa de casa que te espera la cita social. No trates de conocer la verdad hiriente que baila al ritmo de la noche que dejaste en blanco.
Ya aléjate de de lo oculto que sabe a mentira, camina sin volver porque estoy encontrándote sin querer. Mantenme al alcance de las verdades. No trates de buscar respaldo en tu ironía, que no te cueste obviarlas ni matarlas. Allana la situación comprometedora que adeuda una explicación. Utiliza tu sarcasmo que es tu mejor arma contra mi escudo impenetrablemente malgeniado.
Abandona la noche, que no merece ser dañada con la ficción de tu escrito moderno que improvisaste con un fin desconocido. Da un paso al costado que la noche se queda más sola que nunca, y déjala llorar por un ovni que nunca vio. Alerta al día siguiente, vigila que la noche se duerma tranquila, que le acompañe la luna con su delicada luz.
No le digas que sus constelaciones son hermosas cuando no las conoces a totalidad, no prometas tocarla porque no alcanzarás su infinito misterio hecha furia. Opta mejor que su silencio calme tus intrigas y si puede llorar, que lo haga, quizá veas la claridad después de su tormenta justa.
Abandónala ahora que quiere hacerse día, espérala a que se ponga sus estrellas coquetas sin perder la distancia de conversar a su luz precisa, que no la dañe, que no la moleste. Esperará la luz, su luz lunar convirtiéndose en gama de colores nuevamente para fertilizar su humor.
Así está mejor, el aire se puede sentir libre y sin versión, que se oculte el sol, pero no trates de esconder sus rayos que incomodan. Así está bien, deja que las sombras bailen al ritmo del silencio extraviado y deja partir las frases que nunca dije.
viernes, 26 de septiembre de 2008
A SELE (papá)
Estás en mi mundo globalizado, y quizá no te des cuenta. Añoro los días hogareños con tu presencia a mi lado y tu manera de hablar con mando tierno.
Te digo que te quiero, pero tal vez estoy muy lejos que no alcanzas a oírme. Te digo que te extraño pero sé que no logras escucharme. La vida me cambió, tu ausencia se sintió y mis días ya no son completos. Ahora entro a esa mi seudo casa y veo a otro hombre que no lleva mi sangre. Respiro hondo y trato de no desfallecer.
Extraño tu sonrisa y tu manera de hablar. Te extraño y quiero agradecerte el haberme enseñado caminar y a crecer a tu lado. Pero… ¿dónde estás? ¿Por qué te ocultas bajo ese resentimiento iluso?, ¿por qué no quieres mirarme a los ojos, ¿ por qué? no quieres abrazarme si tu también mueres por hacerlo como muero yo.
Ya son dos años de soledad paterna y tristeza al viento. La calle se acelera al ritmo de mi corazón al verte pasar, pero no me oyes y mucho menos me ves porque aun llevas puesto la venda del dolor comprensible. Y mi sonrisa se asoma tan tímida y con temor. Mis ojos se humedecen al seguir tu imagen a lo lejos.
Son segundos eternos de amor, mirada a distancia que se lo lleva el viento frio que estremece mi cuerpo al ver cuando pasas ciego ante mi figura, viento frio que siento cuando te alejas y sólo me quedo con los recuerdos que me exhortan a seguirte con mis búsqueda sigilosa .
Pero no me importa que el viento se lleve ese cariño a medias que se interrumpe al llegar a ti, no me interesa pensar en tus negativas ideas que se apoderaron de tu mente al irme de tu lado.
Vi el tiempo cruelmente ante mis ojos. Las horas eran inciertas y los segundos me dañaban porque venían con tus recuerdos. Los años regresaron a mi cuarto, proyectando el video mental de infancia vividos entre tus brazos y consejos.
Mis noches, tampoco son las mismas. Las veo desde un lugar diferente al tuyo, pero bajo el mismo cielo y con eso me conformo. Me alejé de ti, pero tu no lo hagas, porque sabes que te amo y tu a mi. No huyas de mí y déjame quererte un vez más, como antes…
Te digo que te quiero, pero tal vez estoy muy lejos que no alcanzas a oírme. Te digo que te extraño pero sé que no logras escucharme. La vida me cambió, tu ausencia se sintió y mis días ya no son completos. Ahora entro a esa mi seudo casa y veo a otro hombre que no lleva mi sangre. Respiro hondo y trato de no desfallecer.
Extraño tu sonrisa y tu manera de hablar. Te extraño y quiero agradecerte el haberme enseñado caminar y a crecer a tu lado. Pero… ¿dónde estás? ¿Por qué te ocultas bajo ese resentimiento iluso?, ¿por qué no quieres mirarme a los ojos, ¿ por qué? no quieres abrazarme si tu también mueres por hacerlo como muero yo.
Ya son dos años de soledad paterna y tristeza al viento. La calle se acelera al ritmo de mi corazón al verte pasar, pero no me oyes y mucho menos me ves porque aun llevas puesto la venda del dolor comprensible. Y mi sonrisa se asoma tan tímida y con temor. Mis ojos se humedecen al seguir tu imagen a lo lejos.
Son segundos eternos de amor, mirada a distancia que se lo lleva el viento frio que estremece mi cuerpo al ver cuando pasas ciego ante mi figura, viento frio que siento cuando te alejas y sólo me quedo con los recuerdos que me exhortan a seguirte con mis búsqueda sigilosa .
Pero no me importa que el viento se lleve ese cariño a medias que se interrumpe al llegar a ti, no me interesa pensar en tus negativas ideas que se apoderaron de tu mente al irme de tu lado.
Vi el tiempo cruelmente ante mis ojos. Las horas eran inciertas y los segundos me dañaban porque venían con tus recuerdos. Los años regresaron a mi cuarto, proyectando el video mental de infancia vividos entre tus brazos y consejos.
Mis noches, tampoco son las mismas. Las veo desde un lugar diferente al tuyo, pero bajo el mismo cielo y con eso me conformo. Me alejé de ti, pero tu no lo hagas, porque sabes que te amo y tu a mi. No huyas de mí y déjame quererte un vez más, como antes…
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