miércoles, 9 de diciembre de 2009

ENVIDIA




No puedo contraminar tu aire, no temas, que no pretendo ahogarte en ese humo que alguna vez te inmiscuí. Lo sé, no es tu favorito como el mío, lo sé. Y sí, aún fumo, menos que antes pero ahora tú respiras mejor que yo…

Mientras tú compones frases y melodías que emanan de tus dedos, yo le bailo a la nada con lágrimas por todo el cuerpo sin saber a dónde ir. Y le envidio a tus días y al modo de llevarlos…

Es bueno saber que tengo la vida como excusa para llorar. Es bueno saber que estás bien y ella te quiere. Es bueno saber que ya no soy motivo de tristezas ni de recuerdos melancólicos. Es bueno saber que la guitarra sigue siendo tu adicción…

Tú sigues cantándole a la vida. Yo sigo sin saber de la vida como lo sabes tú, o de esas cosas que me enseñaste tiempo atrás que –la verdad- no quise aprender.

Envidio esa tus lágrimas que ahora son una suerte de besos correspondidos. También envidio la suerte que te lleva a caminar de la mano con el amor. A lo lejos veo que eres el mismo, tan simple como el viento. Que envidia dejar de lado los prejuicios para seguir siendo tú. Que envidia tener “ese” poster de The Beatles y ser fanático de Charles Ch.

martes, 1 de diciembre de 2009

¿PARA QUÉ?


Para qué tomar mi mano. Por qué juntar tu tacto con el mío, si no sabes que por las noches escribo pensando en ti. Es como caminar enlazando los dedos con tu mirada perdida y la mía muy aparte…

Para qué besar tus labios. Para qué tomar contacto dulce y cambiar de lugar mientras cierro los ojos, si ni siquiera sabes que lloro al oír a Benedetti. Es como volar muy alto sin mirar y, caer desprotegida sin tus brazos a mi alrededor.

Para qué mirarte a los ojos. Para qué perderme en tu noche visual, ¿sabes acaso que el color que prefiero lo tienen tus ojos?

Para qué acariciarme y juguetear en mi rostro. Para qué estremecerme con tus suaves y efímeros movimientos, si aún desconoces que el sol no puede tocarme como lo haces tú. Ahora dime si sabes lo que quiero y, para qué.

jueves, 26 de noviembre de 2009

SIN NOMBRE, COLEGA



Los rótulos o nombrecitos distintivos no van conmigo. Te prefiero simple, libre y sólo. Eso de identificarme, identificarte e identificarnos bajo un título me parece de lo más escueto y aburrido. Quiero verte absorto en ti, al menos una vez, lejos de todo, ensimismado en tu cuerpo y ajeno al resto, pero libre al fin…

Sin nombre compañero - amigo. Sin nombre, que no me agrada limitarte ni que lo hagas conmigo.

Sin nombre primo - hermano. Sin nombre, que tu apellido y el mío… “ojo, no es lo que parece”.

Sin nombre niño - bobo. Sin nombre porque las bromas -de todo tipo- encajan exactamente ahí, donde no tienen denominación de existencia y -tal vez- ni sentido.

El común denominador de parejas parametradas bajo el mismo nombre. ¡Que miedo!, ¡que feo!, ¡que pobre! Que triste aquel que sólo tiene enamorado (a). Yo postulo a tener más que eso…Sin nombre colega, que el resto de humanos pregunta sobre nosotros sin encontrar explicación a nuestros ojos. Como los demás –aquí en la tierra- pretenden encasillarnos, como quien no quiere la cosa. Mejor enrumbemos a Marte…Sin nombre, que es interesante jugar limpio si dices la verdad.

Si eres tú, pues serás todo aquello que se pueda ver o simplemente sentir, sin más ni más. Si eres el mismo, serás todo lo existente y lo que está por crearse. Serás todo aquello que no pueda definir con sólo palabras (lo más inefable), mucho menos con nombrecillos. No me gustan las etiquetas que pretenden resumirnos. Sin nombre por favor, sin nombre.

domingo, 15 de noviembre de 2009

SOLEDAD


Estoy tranquila, serena, buscando aún mi soledad. Buscándome para encontrarte. Encontrándome para correr a esperarte. Caminando con mí propia sombra y observándote a la distancia. Probando otros labios para –por fin- disfrutar de los tuyos.

Sigo bailando, ensayando los pasos que sincronizarán con los tuyos. El choque de nuestros mundos no es una desgracia general, sólo es inminente.

Voy aguardando tus ojos. Te estoy pensando. Te he pensado tanto, que creo que existes. Y te voy escribiendo. Los verbos resultan ser mejores que los sustantivos… No me apresuro, no lo hagas tú.

Mantente alejado y disfruta de tu soledad…

Estoy navegando en tus aguas desconocidas. Intentando nadar y de no ahogarme porque no vendrás a salvarme, por ahora.

Ocúltate de todos, aléjate pero no te aísles de los demás. Encúbrete bajo la oscuridad, ahí estaré, ahí me verás.

Piérdete, aléjate, búscate. Quiero verte florecer, a lo lejos. Siempre a lo lejos. Verte caminar lleno de ti, contigo mismo y sin mí. Te veo caminar sombrío, lleno de invierno y con frío.

Voy a descubrirte, mientras tanto, disfruta de tu soledad…

Estúdiate, enséñame a sumar tus secretos con los míos. Analízate, piensa que existo, cree que existo. Encuéntrate, encuéntrame, pero no me busques.

Te entiendo y sé que no estás. Disfruta de tu soledad, esa mal interpretada soledad, la dañada con lágrimas, la consignada de tristeza. La mal llamada “triste soledad”, la señalada como el terror de la vida. La vida es soledad.

domingo, 8 de noviembre de 2009

ELLOS Y ELLAS


En estos últimos días he descubierto cosas relativamente interesantes. Entre ellas, he comprendido una de las debilidades del hombre… las mujeres, y porqué no decirlo, sucede a la inversa también. Sus gestos, sus miradas y el porqué de sus mentiras son parte de su natural vida.


No quiero entrar en detalles con ese asunto de las mentiras y los secretos -porque soy la menos indicada- pero me animo a escribir porque a Melisa le gustó el texto anterior (18/09/09)
Y la verdad es que Osho (gracias Nany) afirma que los hombres (ser humano) por naturaleza somos polígamos. En otras palabras: muchachas nunca encontrarán a un muchacho fiel y ellos tampoco lo encontrarán es ustedes (no me incluyo ¡déjenme! es mi texto)


El problema es que nosotros no entendemos las innatas inclinaciones que poseemos hasta que las desarrollamos, o hasta que “metemos la pata”… lo cierto es que nuestras tradiciones nos dificultan ver más allá de lo evidente.

Voy descubriendo, que estamos hechos para equivocarnos una y otra vez… y ¡que placer hacerlo!
En casi todas las reuniones (llámenlos tonos, juergas, trancas, etc) He conversado sobre chicos. Es un tema que nos llama mucho la atención, no sé por qué, bueno tal vez sí lo sé. En realidad no es excesivamente interesante hacerlo, pero una vez que se ingiere alcohol hasta resulta agradable y emocionante.


El otro punto es que también he conversado mucho sobre chicas. Sin duda, hasta las he comprendido mejor (pero eso sí, aún no me comprendo)… Sin embargo la forma de llevar los días no me resultan fáciles, pero sí agradables. Ahora, ¿hay conclusión dentro de estas líneas? Si es afirmativo, que bueno. Si es negativo, tengan en cuenta que aún no termino de leer a Osho ni terminan mis días confusos…

miércoles, 21 de octubre de 2009

UN SECRETO Y MIL REPRESIONES


Te recuerdo a ese tu desorden, donde tal vez extravié mi pendiente -o donde - perdí lo que aún tengo pendiente por hacer y decir.


Tengo una mentira compartida y no suelo mentir (créeme que no es mentira). Hay un secreto casi nuestro, una confesión inquietante, un hecho no confirmado, una acción no filmada pero grabada en ese espacio donde se relacionan, las no relaciones y callo…


Tu recuerdo me recuerda y me amordaza. Te recuerdo a esas bromas bobas que sueles hacer, a las que suelo hacer. Tengo la sonrisa tuya, las carcajadas aprendidas con palmadas, las cosquillas amenazantes. Tengo tu sentido del humor, la yema de tus dedos sobre mis hombros y las palabras que compusiste por la tarde sin poder volver a mencionarlas.


Te recuerdo a lo distraído que eres - quizá más que yo - y te recuerdo más, que es casi lo mismo a decir que te hago recordar. ¡Que ambigüedad! … Como las miradas, como las palabras, como los mensajes simples que en realidad no lo son. Tengo un pacto de silencio que se me ocurre romper al escribir, eh ahí mi motivo del por qué dejo de escribir ahora.

domingo, 18 de octubre de 2009

HARTA


Es un karma lo que me impulsa escribir ahora.


Estoy harta de que la gente me pregunte porqué no tengo enamorado, o porqué terminé con él, pero no preguntan, por qué él terminó conmigo. Como sea, vivo harta de recibir mensajes de texto que pretenden ilusionarme con frases halagadoras que a su vez hacen que pierda mis mensajillos que la promoción de Claro me ofrece cada semana (porque me agrada seguir el juego y escribir también).

También estoy harta de recibir llamadas de las personas con las cuales no quiero salir y tener que inventar más de mil excusas para no quedar tan mal porque soy cobarde para decir “no quiero salir contigo” (y gracias a Dios que trabajo los fines de semana y llego cansada, esa es mi mejor y tan cierta excusa)

Vivo harta de pensar en los trabajos que me dejan en la universidad- creo que también vivo harta de la universidad - pero sé que la extrañaré cuando me vaya. Me quitan tiempo las labores grupales donde hay más chacota que organización.

Estoy harta de que la gente arroje basura por las ventanas de los carros y nadie (ni yo) se anime a decirles algo. Estoy harta de pelear todas las noches con los cobradores de las couster que me llevan a casa luego de clases, porque el abusivo que me cobra el pasaje no le interesa que estudie hasta muy tarde y viva tan lejos, así ignora mi carné tratando de amilanarme con sus jergas y su pésimo vocabulario.

Estoy harta de las estaciones del año, tan obviamente inminentes –sobre todo el verano- como lo detesto y vivo tan harta de la ropa ligera, de los pantalones cortos, de los lentes oscuros, de los fastidiosos medio días, del motín de gente en las playas. Harta de tanta luz, la del sol, la eléctrica y la de tus ojos que los recuerdo como ayer viernes por la noche.

Ando harta de ver a tantos niños trabajar en las calles y no tener el maldito dinero suficiente para ayudarlos. Dinero, estoy harta de tenerlo y no tenerlo, de ganarlo y perderlo, que más da, sólo es el estúpido dinero, pero de ese estúpido dependo mucho…

Estoy harta de ver a tantos policías hablando a través del celular horas tras horas –claro, tienen el chip de cuatro dígitos, ¡malditos!, estoy harta de ellos, (menos de mi hermana, aún la soporto con uniforme). Estoy harta de la seguridad que no hay y que nos brindan ellos, que quede claro que mi hermana sí me cuida y mucho.

Estoy tan harta de que siempre me obliguen a ordenar mi cuarto, como de escribir que estoy harta de no hartarme en hacerlo.