No lo voy a negar, extraño tus cantos y la magia que te sintetiza. No lo puedo negar, me distrae tu presencia que trato de evadir. Camino, ahí estás. Te veo, no te puedo mirar, me vuelvo, tus ojos se escaparon por casualidad, me vuelvo una vez más.
Hay letras y recuerdos en un rincón, peleas casi fingidas y un libro que está apunto de cerrarse y temo que en definitiva. Paseo sin ti, algo me falta, mucho se perdió. Encontré reliquias que son testigos de la relación que no existe. Un escrito que no lleva dedicatoria ni tu rúbrica, pero que carga tu letra, lo mejor que me queda, también duerme una figura comercial junto a las letras que me hacen falta .
No puedo escribir más, mis letras corrieron tras tus pasos y ahora escribes más que ayer. Ya dejé de mirarte, ahora solo te observo, no te sigo por temor a tu mirada y a tu prosa hiriente.
Que absurdas las mañanas sin poder bailar contigo, que sofocantes han sido durante el invierno que no podía derrumbarme entre sus brazos. El silencio ya es mi cruel compañero. Y mientras el viento soplaba a favor desconocido, yo terminaba por descubrirte un poco más. A lo lejos…
Y si me faltan letras, ya no te preocupes, no es culpa tuya, no es culpa mía,
Y si me faltan letras, no me mires más, no lo haré yo,
Y si me faltan letras, sólo veré la tinta…
jueves, 27 de noviembre de 2008
jueves, 6 de noviembre de 2008
A RENZO Y JONATHAN
Me entretenía mirándolo cuando el semáforo marcaba rojo. Era interesante ver cómo es que mojaba la luna donde baila el parabrisas. Era llamativo el procedimiento meticuloso con el que actuaba: agua con shampú, juran ellos que es. Su botella plástica con agujero en la tapa rosca para que vaya directo al vidrio. En la mano derecha un secador de jebe para culminar con la limpieza al paso. Era inevitable pasar por alto la manera ordenada con que secaba perfectamente la delantera luna. Limpiaba muy bien, aunque él no permanecía igual.
¡Verde!, y Renzo se aparta sobre la vereda a contar los céntimos que tienen en su mano derecha. Su mirada es casi nula, camina despacio, no se apresura a pesar de que los carros pasan muy cerca a él, y no se espanta. Solo espera el cambio de luz para poner en marcha su labor pésimamente remunerada.
Rojo, todos se detienen, menos Renzo, que con premura y casi suplicando, se acerca a limpiarte el carro. Las lunas se bajan, las bajan, ¿pero que pasa? Un movimiento de cabeza, de izquierda a derecha se proyecta al verlo. Se han puesto de acuerdo. Un paso más, una luna más que se cierra. Es verde nuevamente y la vereda sostiene dos cuerpos, hay cuatro piernas y dos manos contando el sencillo duramente hallado. Es Jonathan, de 18 años, que también posee los mismos implementos entre sus manos. Se acerca a descansar mientras los minutos verdes los permitan.
Sus miradas escapan, tienen tiempo de soñar estando de pie, una sonrisa ante la cámara que llevo, sin temor pese a sus fachas y lenguaje. Los retrataba a cada movimiento, les agradaba, reían, yo reía, quería ser una amiga de verdad, no solo de un día.
Avenida La Marina y Universitaria. Las mañanas son de ellos, las tardes también lo son cuando resisten los insultos de personajes estirados ceñidos a un timón y ocultos tras los vidrios polarizados que les gritan “muertos de hambre”, sin saber que en realidad mueren de hambre por la escasez de dinero. Pero no de dignidad.
Renzo de 17, me habla diciéndo “señorita” a cada instante y con mucho respeto. ¿Me vas a hacer una entrevista?- dice tímidamente- Y mientras habla, su rostro queda en mi cámara que no le incomoda, que ni siquiera la siente. Esquivan los autos exponiendo sus cuerpos delgados y hábiles como jugando. Los gritos y el sonido de los cláxones no parecen meterse con ellos. Un céntimo más, un insulto más, un cambio de luz más. Están curtidos y saben defenderse. Les duele, pero ya pisaron fondo a su corta edad. “Señorita si sabes de alguna chambita mejor que esta, pásame la voz” – me pidió Renzo, mientras guardaba mi cámara. Lo miré sonriendo, y él repitió el gesto. Me entendió con al mirada, así que no habrá motivo de detallarlo.
¡Rojo! antes de irme, y este fue un rojo eterno.
¡Verde!, y Renzo se aparta sobre la vereda a contar los céntimos que tienen en su mano derecha. Su mirada es casi nula, camina despacio, no se apresura a pesar de que los carros pasan muy cerca a él, y no se espanta. Solo espera el cambio de luz para poner en marcha su labor pésimamente remunerada.
Rojo, todos se detienen, menos Renzo, que con premura y casi suplicando, se acerca a limpiarte el carro. Las lunas se bajan, las bajan, ¿pero que pasa? Un movimiento de cabeza, de izquierda a derecha se proyecta al verlo. Se han puesto de acuerdo. Un paso más, una luna más que se cierra. Es verde nuevamente y la vereda sostiene dos cuerpos, hay cuatro piernas y dos manos contando el sencillo duramente hallado. Es Jonathan, de 18 años, que también posee los mismos implementos entre sus manos. Se acerca a descansar mientras los minutos verdes los permitan.
Sus miradas escapan, tienen tiempo de soñar estando de pie, una sonrisa ante la cámara que llevo, sin temor pese a sus fachas y lenguaje. Los retrataba a cada movimiento, les agradaba, reían, yo reía, quería ser una amiga de verdad, no solo de un día.
Avenida La Marina y Universitaria. Las mañanas son de ellos, las tardes también lo son cuando resisten los insultos de personajes estirados ceñidos a un timón y ocultos tras los vidrios polarizados que les gritan “muertos de hambre”, sin saber que en realidad mueren de hambre por la escasez de dinero. Pero no de dignidad.
Renzo de 17, me habla diciéndo “señorita” a cada instante y con mucho respeto. ¿Me vas a hacer una entrevista?- dice tímidamente- Y mientras habla, su rostro queda en mi cámara que no le incomoda, que ni siquiera la siente. Esquivan los autos exponiendo sus cuerpos delgados y hábiles como jugando. Los gritos y el sonido de los cláxones no parecen meterse con ellos. Un céntimo más, un insulto más, un cambio de luz más. Están curtidos y saben defenderse. Les duele, pero ya pisaron fondo a su corta edad. “Señorita si sabes de alguna chambita mejor que esta, pásame la voz” – me pidió Renzo, mientras guardaba mi cámara. Lo miré sonriendo, y él repitió el gesto. Me entendió con al mirada, así que no habrá motivo de detallarlo.
¡Rojo! antes de irme, y este fue un rojo eterno.
miércoles, 1 de octubre de 2008
MENTIRAS
No preguntes como me siento, que la rabia se apodera de mí. No preguntes en quién confío porque debo suponer que lo hago en mí. Abandona las teclas y deja que florezca estas letras que lo hago en nombre de tu mentira.
Deja la noche y cuelga tu ropa de casa que te espera la cita social. No trates de conocer la verdad hiriente que baila al ritmo de la noche que dejaste en blanco.
Ya aléjate de de lo oculto que sabe a mentira, camina sin volver porque estoy encontrándote sin querer. Mantenme al alcance de las verdades. No trates de buscar respaldo en tu ironía, que no te cueste obviarlas ni matarlas. Allana la situación comprometedora que adeuda una explicación. Utiliza tu sarcasmo que es tu mejor arma contra mi escudo impenetrablemente malgeniado.
Abandona la noche, que no merece ser dañada con la ficción de tu escrito moderno que improvisaste con un fin desconocido. Da un paso al costado que la noche se queda más sola que nunca, y déjala llorar por un ovni que nunca vio. Alerta al día siguiente, vigila que la noche se duerma tranquila, que le acompañe la luna con su delicada luz.
No le digas que sus constelaciones son hermosas cuando no las conoces a totalidad, no prometas tocarla porque no alcanzarás su infinito misterio hecha furia. Opta mejor que su silencio calme tus intrigas y si puede llorar, que lo haga, quizá veas la claridad después de su tormenta justa.
Abandónala ahora que quiere hacerse día, espérala a que se ponga sus estrellas coquetas sin perder la distancia de conversar a su luz precisa, que no la dañe, que no la moleste. Esperará la luz, su luz lunar convirtiéndose en gama de colores nuevamente para fertilizar su humor.
Así está mejor, el aire se puede sentir libre y sin versión, que se oculte el sol, pero no trates de esconder sus rayos que incomodan. Así está bien, deja que las sombras bailen al ritmo del silencio extraviado y deja partir las frases que nunca dije.
Deja la noche y cuelga tu ropa de casa que te espera la cita social. No trates de conocer la verdad hiriente que baila al ritmo de la noche que dejaste en blanco.
Ya aléjate de de lo oculto que sabe a mentira, camina sin volver porque estoy encontrándote sin querer. Mantenme al alcance de las verdades. No trates de buscar respaldo en tu ironía, que no te cueste obviarlas ni matarlas. Allana la situación comprometedora que adeuda una explicación. Utiliza tu sarcasmo que es tu mejor arma contra mi escudo impenetrablemente malgeniado.
Abandona la noche, que no merece ser dañada con la ficción de tu escrito moderno que improvisaste con un fin desconocido. Da un paso al costado que la noche se queda más sola que nunca, y déjala llorar por un ovni que nunca vio. Alerta al día siguiente, vigila que la noche se duerma tranquila, que le acompañe la luna con su delicada luz.
No le digas que sus constelaciones son hermosas cuando no las conoces a totalidad, no prometas tocarla porque no alcanzarás su infinito misterio hecha furia. Opta mejor que su silencio calme tus intrigas y si puede llorar, que lo haga, quizá veas la claridad después de su tormenta justa.
Abandónala ahora que quiere hacerse día, espérala a que se ponga sus estrellas coquetas sin perder la distancia de conversar a su luz precisa, que no la dañe, que no la moleste. Esperará la luz, su luz lunar convirtiéndose en gama de colores nuevamente para fertilizar su humor.
Así está mejor, el aire se puede sentir libre y sin versión, que se oculte el sol, pero no trates de esconder sus rayos que incomodan. Así está bien, deja que las sombras bailen al ritmo del silencio extraviado y deja partir las frases que nunca dije.
viernes, 26 de septiembre de 2008
A SELE (papá)
Estás en mi mundo globalizado, y quizá no te des cuenta. Añoro los días hogareños con tu presencia a mi lado y tu manera de hablar con mando tierno.
Te digo que te quiero, pero tal vez estoy muy lejos que no alcanzas a oírme. Te digo que te extraño pero sé que no logras escucharme. La vida me cambió, tu ausencia se sintió y mis días ya no son completos. Ahora entro a esa mi seudo casa y veo a otro hombre que no lleva mi sangre. Respiro hondo y trato de no desfallecer.
Extraño tu sonrisa y tu manera de hablar. Te extraño y quiero agradecerte el haberme enseñado caminar y a crecer a tu lado. Pero… ¿dónde estás? ¿Por qué te ocultas bajo ese resentimiento iluso?, ¿por qué no quieres mirarme a los ojos, ¿ por qué? no quieres abrazarme si tu también mueres por hacerlo como muero yo.
Ya son dos años de soledad paterna y tristeza al viento. La calle se acelera al ritmo de mi corazón al verte pasar, pero no me oyes y mucho menos me ves porque aun llevas puesto la venda del dolor comprensible. Y mi sonrisa se asoma tan tímida y con temor. Mis ojos se humedecen al seguir tu imagen a lo lejos.
Son segundos eternos de amor, mirada a distancia que se lo lleva el viento frio que estremece mi cuerpo al ver cuando pasas ciego ante mi figura, viento frio que siento cuando te alejas y sólo me quedo con los recuerdos que me exhortan a seguirte con mis búsqueda sigilosa .
Pero no me importa que el viento se lleve ese cariño a medias que se interrumpe al llegar a ti, no me interesa pensar en tus negativas ideas que se apoderaron de tu mente al irme de tu lado.
Vi el tiempo cruelmente ante mis ojos. Las horas eran inciertas y los segundos me dañaban porque venían con tus recuerdos. Los años regresaron a mi cuarto, proyectando el video mental de infancia vividos entre tus brazos y consejos.
Mis noches, tampoco son las mismas. Las veo desde un lugar diferente al tuyo, pero bajo el mismo cielo y con eso me conformo. Me alejé de ti, pero tu no lo hagas, porque sabes que te amo y tu a mi. No huyas de mí y déjame quererte un vez más, como antes…
Te digo que te quiero, pero tal vez estoy muy lejos que no alcanzas a oírme. Te digo que te extraño pero sé que no logras escucharme. La vida me cambió, tu ausencia se sintió y mis días ya no son completos. Ahora entro a esa mi seudo casa y veo a otro hombre que no lleva mi sangre. Respiro hondo y trato de no desfallecer.
Extraño tu sonrisa y tu manera de hablar. Te extraño y quiero agradecerte el haberme enseñado caminar y a crecer a tu lado. Pero… ¿dónde estás? ¿Por qué te ocultas bajo ese resentimiento iluso?, ¿por qué no quieres mirarme a los ojos, ¿ por qué? no quieres abrazarme si tu también mueres por hacerlo como muero yo.
Ya son dos años de soledad paterna y tristeza al viento. La calle se acelera al ritmo de mi corazón al verte pasar, pero no me oyes y mucho menos me ves porque aun llevas puesto la venda del dolor comprensible. Y mi sonrisa se asoma tan tímida y con temor. Mis ojos se humedecen al seguir tu imagen a lo lejos.
Son segundos eternos de amor, mirada a distancia que se lo lleva el viento frio que estremece mi cuerpo al ver cuando pasas ciego ante mi figura, viento frio que siento cuando te alejas y sólo me quedo con los recuerdos que me exhortan a seguirte con mis búsqueda sigilosa .
Pero no me importa que el viento se lleve ese cariño a medias que se interrumpe al llegar a ti, no me interesa pensar en tus negativas ideas que se apoderaron de tu mente al irme de tu lado.
Vi el tiempo cruelmente ante mis ojos. Las horas eran inciertas y los segundos me dañaban porque venían con tus recuerdos. Los años regresaron a mi cuarto, proyectando el video mental de infancia vividos entre tus brazos y consejos.
Mis noches, tampoco son las mismas. Las veo desde un lugar diferente al tuyo, pero bajo el mismo cielo y con eso me conformo. Me alejé de ti, pero tu no lo hagas, porque sabes que te amo y tu a mi. No huyas de mí y déjame quererte un vez más, como antes…
sábado, 12 de julio de 2008
FUMÉMONOS UNA CONVERSACIÓN

Eran las tardes de cigarrillos, las últimas que recuerdo con nostalgia. Cigarrillos verdes, que en invierno nos unía.
La inocencia se quedó allí, ahogada por tanto humo, muerta con los pulmones destrozados, fatigada hasta extinguirse y nuevamente alejarnos. Tu camino resultó diverso geográficamente al mío.
Extraño las noches con forma de bicicleta bajo la lluvia, la vida entre claves se ciñeron a las tardes de comprar el pan, las noches sobre las piedras con historia, sabían bien cuando no había hazaña para la reunión.
Conversemos una vez más, enséñame una lección divertida con tu profesionalismo oculto. Escribe y escríbeme nuevamente como lo sabes hacer con tus aires de poeta humilde y enclaustrado. Trilingüe ya eres si no me equivoco, pero no te equivoques al saludarme, no me cambies las palabras que aun quiero tener tus claves.
No te olvides de los secretos blancos, recónditos e inocentes que aún guardamos en el mejor escondite de nuestros ocho años, mantenlos ahí hasta que volvamos a encontrarnos con más libros que intercambiar y más cigarrillos que fumar al platicar. No te confundas al disertar tu consejo más sublime, que oscile con tu risa de cada estación, con egoísmo al verano por favor.
Escribamos las canciones, o cartas que puedan caminar quince pasos hacia al frente. Escribamos sobre el cuaderno viejo con rimas que causan risa como la palabra “manzanilla”.
Que no se los lleve el humo con pereza que se queda en la mente y en las ganas de hacerlo una vez y otra vez. Timbra sólo una vez a mi casa que cenaré rápido a matar ese tiempo que nos ha separado. Timbra sólo una vez y haré mis cosas sin pensarlas, y poder hacer amigos en la noche. Tímbrame a casa sólo una vez y saldré por mi ventana para que nos sospechen de nuestros encuentros abusivos. Yo lo haré mañana por la noche, pero ven a buscarme y hallaré permiso. Si tu vas yo voy.
Fíate de mí, como siempre lo has hecho, pero agrégale mas fuerza que en los días venideros tendrás buen aura y no estaré. Pesan más los recuerdos que la cajetilla que cargo a tu nombre. Marchemos hasta esa tu oratoria clausurada por la interrogación de los demás. Caminemos hacia donde ya no hayan perjuicios y trasfondos turbios de los seres que más confiemos, no busquemos testaferros por favor, que no lo hallaremos.
Me vuelvo a la noche que nos dejaron solas. La noche que detestamos por minutos sin conocernos, el hacer nada abrió campo a la persona que influyó en mí en los sentidos existentes. Me vuelvo perdiendo el sentido real y encontrándote bajo la lluvia negra de mis añoranzas perdidas o dejadas en algún lugar.
Recojo mis pasos en cada cuadra del lugar que nos vio crecer. Recorro la calle que en algún momento fue espacio saturado de reuniones aforadas, siempre, siempre de noche, que incitaban a los inconvenientes blancos como nuestros secretos, blanco como el auto que se estacionó frente a nuestra sorpresa tras el grito que cayó en ti por confusión.
Me vuelvo ahora sola, ya sin cigarrillos, pero vuelvo a la no realidad con fotos y cartas que pasean por sitios casuales. Visítame, hazlo ahora.
La inocencia se quedó allí, ahogada por tanto humo, muerta con los pulmones destrozados, fatigada hasta extinguirse y nuevamente alejarnos. Tu camino resultó diverso geográficamente al mío.
Extraño las noches con forma de bicicleta bajo la lluvia, la vida entre claves se ciñeron a las tardes de comprar el pan, las noches sobre las piedras con historia, sabían bien cuando no había hazaña para la reunión.
Conversemos una vez más, enséñame una lección divertida con tu profesionalismo oculto. Escribe y escríbeme nuevamente como lo sabes hacer con tus aires de poeta humilde y enclaustrado. Trilingüe ya eres si no me equivoco, pero no te equivoques al saludarme, no me cambies las palabras que aun quiero tener tus claves.
No te olvides de los secretos blancos, recónditos e inocentes que aún guardamos en el mejor escondite de nuestros ocho años, mantenlos ahí hasta que volvamos a encontrarnos con más libros que intercambiar y más cigarrillos que fumar al platicar. No te confundas al disertar tu consejo más sublime, que oscile con tu risa de cada estación, con egoísmo al verano por favor.
Escribamos las canciones, o cartas que puedan caminar quince pasos hacia al frente. Escribamos sobre el cuaderno viejo con rimas que causan risa como la palabra “manzanilla”.
Que no se los lleve el humo con pereza que se queda en la mente y en las ganas de hacerlo una vez y otra vez. Timbra sólo una vez a mi casa que cenaré rápido a matar ese tiempo que nos ha separado. Timbra sólo una vez y haré mis cosas sin pensarlas, y poder hacer amigos en la noche. Tímbrame a casa sólo una vez y saldré por mi ventana para que nos sospechen de nuestros encuentros abusivos. Yo lo haré mañana por la noche, pero ven a buscarme y hallaré permiso. Si tu vas yo voy.
Fíate de mí, como siempre lo has hecho, pero agrégale mas fuerza que en los días venideros tendrás buen aura y no estaré. Pesan más los recuerdos que la cajetilla que cargo a tu nombre. Marchemos hasta esa tu oratoria clausurada por la interrogación de los demás. Caminemos hacia donde ya no hayan perjuicios y trasfondos turbios de los seres que más confiemos, no busquemos testaferros por favor, que no lo hallaremos.
Me vuelvo a la noche que nos dejaron solas. La noche que detestamos por minutos sin conocernos, el hacer nada abrió campo a la persona que influyó en mí en los sentidos existentes. Me vuelvo perdiendo el sentido real y encontrándote bajo la lluvia negra de mis añoranzas perdidas o dejadas en algún lugar.
Recojo mis pasos en cada cuadra del lugar que nos vio crecer. Recorro la calle que en algún momento fue espacio saturado de reuniones aforadas, siempre, siempre de noche, que incitaban a los inconvenientes blancos como nuestros secretos, blanco como el auto que se estacionó frente a nuestra sorpresa tras el grito que cayó en ti por confusión.
Me vuelvo ahora sola, ya sin cigarrillos, pero vuelvo a la no realidad con fotos y cartas que pasean por sitios casuales. Visítame, hazlo ahora.
TU AUSENCIA
La alegría tocó su puerta, el triunfo se asomaba con timidez por lares que nunca quise ver llegar. La idea no era concisa, los días no eran pensados pero las ganas de su lado, se ponían de pie, aunque la mayoría dudara.
Triunfo que iniciaba. Alocada por dejar su hogar, salió a extrañarnos más y valorar quizá algunos puntos que los ve desde otro ángulo ahora.
Y yo esperaba en la ventana a que regresara, cada fin de semana, porque las noches no eran las mismas, y quería escuchar su voz, quería cantar de noche con ella, quería que se fuera la luz para que me haga una casita acogedora con almohaditas. Quería pedirle permiso y derrumbarme sobre ella, saltar y crear una broma que le gustara hasta que riera sin parar…
La esperaba, queriendo vivir los pocos días que se prestaban para retomar los moentos distintos pero no ajenos.
Ella ya no estaba. Se fue y la casa quedó muy grande, se fue, y se llevó parte de mi sonrisa. En las mañanas desayunaba con su rostro a medio terminar, esperando que me dijera algo. Por las tardes la esperaba vanamente, alucinaba su destreza realizando sus tareas con esa mesura que la identifica y no se pierde, con esa concentración arcaica que sólo ella tiene. Las noches si eran pesadas, a ellas no podía engañar.
Quería ser como una bolsa perdida en la noche, tan frágil y sencilla para que el viento me llevase hacia ella y poder conocer su nuevo espacio. Adentrando a los nuevos límites de sus días. Frenéticamente triste por conocer si la pasaba mejor por allá que conmigo.
Ese primer mes se cayó en mí, los días pesaban y las noches no querían dormir. La demencia de tu ausencia trasladó mi habitación, para dormir con un mundo que fue tuyo cuando adolecías de todo un poco hasta querer alejarte. Tus objetos extraños siguen aquí, tú no estás, no te preocupes que te espero, no desesperes que falta poco. Yo aprendí a convivir con tu ausencia, yo aprendí a hacer bromas sin tu veredicto, yo aprendí a no treparme de tu cuerpo. Ahora, ¿me contarás que has aprendido?...
Hay bonanza incrustada en mi, sobre esos dos caminos, también la habita. Los días oscuros y las paredes negras se marcharon al ritmo de tu buena fe que nadie daba crédito.
El atuendo negro quedó en el colgador olvidado por la mujer que lleva un arma todos los días sin temor. Los tétrico paisajes de los caminos, ahora los traza con borceguíes pesados sobre el arenal. “La mamita” descolgó el teléfono de hogar, para camuflar su pequeño aparato entre colchones rotos. Y la comida escogida ahora la esconde para engullirla cuando el silencio la acompañe luego de las 9:00 pm. No hay mas púas en sus brazos, excepto por donde rampa.
Esta es una más para ti y para mi. Vi caminar esos cinco años, de los cuales cuatro llegué a entenderlos con una resignación moderada a la mentira. ¿A dónde irás ahora?
Que no se detengan tus pasos, y mucho menos que se alejen, bienvenida una vez más a este que paree tu segundo hogar, bienvenida a esta tu segunda habitación, bienvenida a lo civil, eso es falacia. Tu nuevo hogar de color verde te espera y bienvenida una vez más a la añorable ausencia de ti.
Triunfo que iniciaba. Alocada por dejar su hogar, salió a extrañarnos más y valorar quizá algunos puntos que los ve desde otro ángulo ahora.
Y yo esperaba en la ventana a que regresara, cada fin de semana, porque las noches no eran las mismas, y quería escuchar su voz, quería cantar de noche con ella, quería que se fuera la luz para que me haga una casita acogedora con almohaditas. Quería pedirle permiso y derrumbarme sobre ella, saltar y crear una broma que le gustara hasta que riera sin parar…
La esperaba, queriendo vivir los pocos días que se prestaban para retomar los moentos distintos pero no ajenos.
Ella ya no estaba. Se fue y la casa quedó muy grande, se fue, y se llevó parte de mi sonrisa. En las mañanas desayunaba con su rostro a medio terminar, esperando que me dijera algo. Por las tardes la esperaba vanamente, alucinaba su destreza realizando sus tareas con esa mesura que la identifica y no se pierde, con esa concentración arcaica que sólo ella tiene. Las noches si eran pesadas, a ellas no podía engañar.
Quería ser como una bolsa perdida en la noche, tan frágil y sencilla para que el viento me llevase hacia ella y poder conocer su nuevo espacio. Adentrando a los nuevos límites de sus días. Frenéticamente triste por conocer si la pasaba mejor por allá que conmigo.
Ese primer mes se cayó en mí, los días pesaban y las noches no querían dormir. La demencia de tu ausencia trasladó mi habitación, para dormir con un mundo que fue tuyo cuando adolecías de todo un poco hasta querer alejarte. Tus objetos extraños siguen aquí, tú no estás, no te preocupes que te espero, no desesperes que falta poco. Yo aprendí a convivir con tu ausencia, yo aprendí a hacer bromas sin tu veredicto, yo aprendí a no treparme de tu cuerpo. Ahora, ¿me contarás que has aprendido?...
Hay bonanza incrustada en mi, sobre esos dos caminos, también la habita. Los días oscuros y las paredes negras se marcharon al ritmo de tu buena fe que nadie daba crédito.
El atuendo negro quedó en el colgador olvidado por la mujer que lleva un arma todos los días sin temor. Los tétrico paisajes de los caminos, ahora los traza con borceguíes pesados sobre el arenal. “La mamita” descolgó el teléfono de hogar, para camuflar su pequeño aparato entre colchones rotos. Y la comida escogida ahora la esconde para engullirla cuando el silencio la acompañe luego de las 9:00 pm. No hay mas púas en sus brazos, excepto por donde rampa.
Esta es una más para ti y para mi. Vi caminar esos cinco años, de los cuales cuatro llegué a entenderlos con una resignación moderada a la mentira. ¿A dónde irás ahora?
Que no se detengan tus pasos, y mucho menos que se alejen, bienvenida una vez más a este que paree tu segundo hogar, bienvenida a esta tu segunda habitación, bienvenida a lo civil, eso es falacia. Tu nuevo hogar de color verde te espera y bienvenida una vez más a la añorable ausencia de ti.
jueves, 10 de julio de 2008
¿QUIÉN ERES?
Alguien trató de hallarme poniendo al cielo y sus componentes a mi alcance, como si estuviesen dispuestos a ser alejados de la gravedad que los abraza. Entrégate solo y no seas cobarde. Entrégate a la verdad y no interpongas seres gravitacionales que dependen de otros.
Aprovecha el invierno que puede ser tu cómplice por algunos días. Conquista primero al tiempo que me ha robado mucho. Marca los días festivos con una sonrisa hecha mirada.
Alguien trata de encontrarme destruyendo al paso que va, como si el mundo fuera suyo. Porque no me hablas de poesía improvisada, porque no me obligas a que baile bajo la lluvia entre tu humo. Porque no me escribes oraciones complicadas pero bonitas, enredadas pero ciertas.
Alguien me presta alas que no quiero usar porque no quiero caer en la realidad en la que ya vivo. Como si por tus frases trilladas me convirtiera en ángel. Porque no me llamas como el 3,1416. Porque no me regalas un halls de luto que me haga sentir frio.
Que este invierno no entuma tu cerebro, camina en busca pero no me busques. Conquista primero al invierno que el hará su tarea de mensajero. Pero no obligues a tu cuerpo a soportar el hielo en aire.
Alguien me sigue acosadoramente y con ojos poseídos por sus días perdidos. Como si yo fuera su complemento sentimental perdido. Porque mejor no me prometes algo que no vas a cumplir, cumpliéndome con decírmelo. Porque mejor no jugamos a conversar en serio y sin mirarnos.
Porque no me enseñas tus letras de poeta con complejo de caballero de antaño. Porque no me enseñas como es que embriaga tu madrugada insomne y bailas conmigo al compas de la lluvia.
Alguien trata de hacer lo que tú haces, con acciones absurdas y en peligro de temor. Plantea mas alternativas, ¡vamos hazlo!, no te quedes de pie solo con el sueño sin sueño. Déjame el cigarrillo para después y mándame otra señal sin humo.
Aprovecha el invierno que puede ser tu cómplice por algunos días. Conquista primero al tiempo que me ha robado mucho. Marca los días festivos con una sonrisa hecha mirada.
Alguien trata de encontrarme destruyendo al paso que va, como si el mundo fuera suyo. Porque no me hablas de poesía improvisada, porque no me obligas a que baile bajo la lluvia entre tu humo. Porque no me escribes oraciones complicadas pero bonitas, enredadas pero ciertas.
Alguien me presta alas que no quiero usar porque no quiero caer en la realidad en la que ya vivo. Como si por tus frases trilladas me convirtiera en ángel. Porque no me llamas como el 3,1416. Porque no me regalas un halls de luto que me haga sentir frio.
Que este invierno no entuma tu cerebro, camina en busca pero no me busques. Conquista primero al invierno que el hará su tarea de mensajero. Pero no obligues a tu cuerpo a soportar el hielo en aire.
Alguien me sigue acosadoramente y con ojos poseídos por sus días perdidos. Como si yo fuera su complemento sentimental perdido. Porque mejor no me prometes algo que no vas a cumplir, cumpliéndome con decírmelo. Porque mejor no jugamos a conversar en serio y sin mirarnos.
Porque no me enseñas tus letras de poeta con complejo de caballero de antaño. Porque no me enseñas como es que embriaga tu madrugada insomne y bailas conmigo al compas de la lluvia.
Alguien trata de hacer lo que tú haces, con acciones absurdas y en peligro de temor. Plantea mas alternativas, ¡vamos hazlo!, no te quedes de pie solo con el sueño sin sueño. Déjame el cigarrillo para después y mándame otra señal sin humo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
